Vuelan los días
Sentí el impulso de salir corriendo, llegué a mi destino y seguí corriendo en círculos, dejando que las endorfinas hicieran su magia. Buscando afanosamente el agotamiento liberador. Se ha convertido en un reflejo pavloviano. Eliseo Alberto acuñó una frase que mis amigos y yo hemos repetido hasta el cansancio como un mantra: "El miedo es una camisa de fuerza". En mi caso no es así. Para mí es mas un instinto primal de huir y buscar refugio. De mí, de las situaciones, de lo que sea. Me aterra que vean tan dentro de mi. Es algo risible. Soy un adulto y debí de empezar a comportarme como tal hace mucho tiempo. Vuelan los días. Todo cambia. Es la misma sensación de antaño, cuando todos se iban a sus casas y se quedaba uno solo, balón en mano, con ganas de seguir jugando.
¿Qué es ser adulto? ¿Buscar una pareja estable? ¿Formar un hogar? ¿Tener hijos, educarlos y hacerlos gente de bien?
Debe de existir un momento clave en el que se desea todo eso y ¡voilá! habemus adulto responsable. ¡Albricias! ¡albricias! el ciclo de la vida seguirá.
No es sarcasmo, es un tono rencoroso y celoso, por aquellos que han encontrado su lugar y viven vidas felices y sencillas.
Un día desperté y deseé una moto. Confieso que me daba pavor imaginarme entre el tráfico citadino montado en una. Compré la que me gustó dentro de mi presupuesto, me enseñé a manejarla y después de una risible caída y unos buenos raspones logré dominarla y disfrutarla como enano.
Esa es la razón de esta entrada de tinte berrinchudo. Mostrarles lo que hay en el fondo en este momento, sin miedo, sin correr, sin inventar personajes felices. Una pequeña instantanea de lo que está ahí, día a día. Toma eso estúpido ego!
Gracias Pastelita.