miércoles, 14 de noviembre de 2007

Una disculpa

Queridos lectores de este sórdido espacio:

Quiero pedirles una disculpa por no haber publicado aún la segunda parte de la historia de Elisa y Sergio. Debo confesarles que cuando comenzé a escribirla no contaba con pies ni cabeza, de hecho aun no los tiene pero que creen! El borrador de la segunda parte esta escrito con mi horrible letra en una libreta vieja pero se encuentra sin editar y en su mayoría contiene notas a mi mismo. Fué un tanto difícil tratar de continuarla de forma coherente porque el final de la primera parte me agarró desprevenido. No sabía como justificarlo pero creo que va tomando forma. Prometo darme el tiempo para reestructurarla de forma que siga siendo interesante y de fácil lectura porque como en este medio es bastante pesado leer, luego me cuesta un poco de trabajo no meterle demasiada paja. Aún no se cuando estará listo para ser publicado el segundo episodio de la historia. Les prometo avisarles via messenger sale??? Me despido mandándoles un abrazote y un sonoro y certero manotazo en la nuca.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Todavía no le pongo nombre, se aceptan mentadas si esta muy gacho.

Debido a la sugerencia que el pinguas me hizo hace algunos meses, me decidí a hacer un ejercicio. Empezaré a publicar pequeñas partes de una historia mayor no sé si la acabe o se mueran de la hueva antes y ya no quieran leer nada después pero pos ahi les va:



El dolor de cabeza y las arcadas me despertaron. Estaba boca arriba contemplando la lámpara de la sala-comedor de mi departamento, fué un milagro que no muriera ahogado en mi propio vómito al dormir en esa posición. Me apresuré hacia el cuarto de baño y dejé que mi estómago se vaciara. Desorientado y con el abdomen adolorido intenté llegar hasta mi cama, pero me encontré con que la puerta de la recámara se encontraba bajo llave. No dije nada, lo que menos quería era comenzar una nueva discusión como la que indirectamente me condujo hasta ese deplorable estado. Me dispuse a dormir en el sofá con una apestosa cubeta cerca de mi, por si las dudas.


Era de mañana, la luz se filtraba por las persianas lastimándome. No había señal de la cubeta ni de Elisa. Había vivido con ella por más de tres años. Pensé que era un mero trámite antes de dar el gran paso. La convivencia cercana puso a prueba tantas veces el amor que nos teníamos que finalmente acabó matándolo. Ahora era cuestión de tiempo para que uno de los dos hiciera sus maletas y se largara.


Tomé una larga ducha y me preparé un café bastante cargado. Tenía que arreglar unos asuntos que había dejado pendientes en el trabajo. Busqué inútilmente las llaves del auto. Debí suponerlo. Elisa lo tomó para ir a lloriquearle a su madre o a alguna de sus irritantes amigas. Contuve mi enojo, no quise darle el gusto de molestarme por su niñería.


Tomé un taxi y me dirigí hacia la oficina. El trabajo pendiente era poco y lo terminé antes del mediodía. Era sábado y no tenía ganas de regresar a mi departamento. Si Elisa se encontraba en casa comenzaría un nuevo pleito y aún sentía las secuelas de la resaca. Algunos meses antes habría regresado de inmediato para pasar tiempo con ella y prepararnos para la parranda sabatina. Solíamos divertirnos mucho.


Recordé que ese día mi hermano alcanzaría la mayoría de edad. Aún conservaba ropa en casa de mis padres y tenía tiempo que no los visitaba. Decidí llegar de sorpresa; el avión no tardaría mas de tres horas en hacer su recorrido y estaría con ellos justo a la hora de la comida. Sería un fin de semana perfecto para aclarar mi mente. Debía apresurarme.


Dormí durante todo el viaje. Encontré a Alex lavando el carro de mi papá. Seguramente tenía planeado salir con sus amigos por la noche y estaba tratando de ganar puntos a su favor. Sonreí y sin que me viera le propiné una certera y sonora palmada en la nuca que le dejó atontado.


Comí con toda la familia y nos pusimos al día. Omití la serie de problemas no-maritales que me aquejaban aunque mi madre intuyó algo debido mi aspecto desaliñado, la falta de equipaje y de Eli.

Como era de suponerse la recámara que solíamos compartir Alex y yo era un desastre. Encendí el televisor. El muy marrano dejó sintonizado el receptor en un canal pornográfico. Por lo menos el volumen estaba bajo. Estuve a punto de poner en evidencia a mi pobre hermano, a modo de broma gritaría: "Mamá, Ale estaba viendo viejas encueradas!". No pude hacerlo. Para mi sorpresa una de las viejas encueradas era idéntica a Elisa.

La segunda parte esta acá

martes, 6 de noviembre de 2007

Un minicuentito

La casa estaba en silencio, una a una observé y disfruté las fotos que colgaban de las paredes de la sala de estar. Aún se percibía un tenue olor a comida, tabaco y café. Podía escuchar el tráfico nocturno y el vaiven del péndulo de un viejo reloj que probablemente era una reliquia familiar. Me odié por lo que me disponía a hacer.

Imaginé por un momento los sueños estelares de esa noche. La niñita dormía con una viejecita. Por la forma en que se abrazaban al dormir podía saberse que se adoraban. La dulce mujer que acompañaba a la pequeñita tal vez soñaba con su niñez en el campo. Persiguiendo conejos. Añorando aquellos días en que su mamá le cantaba en ese bello dialecto que poco a poco los años le habían hecho olvidar.

La niñita tal vez se encontraba jugando con el perrito blanco que el berrinche del día anterior no logró convencer a sus padres de llevárselo a casa. Le hablaba y le prometía que estarían juntos.

Su hermano en otra habitación, cabalgaba valeroso, con su espada dispuesta a castigar a ese terrible ser que tanto se parecía a la bruja que todos los días limitaba su libertad obligándolo a repetir planas y planas de las letras que ya conocía.

Sollozos. La mujer lloraba en los brazos de su esposo. El hombre con ternura limpiaba sus lágrimas mientras la besaba en la frente.

Me apresuré. Debía actuar rápido. Era mi deber terminar de una vez con este amargo episodio.

En cuanto entré en la habitación se me partió el corazón. El daño era mas terrible de lo que yo esperaba.
La mujer que era velada por la pareja apenas respiraba. El cabello que lucía en las viejas fotos de la sala no existía más, en su lugar solo podían percibirse apenas mechones blancos esparcidos en la seca piel de su cráneo. Mutilada y envuelta en un pesado manto de agonía respiró por última vez.

La tomé entre mis brazos.

Me reconoció al instante y me besó. Me pidió que la dejara incorporarse. Ahora se veía tan bella como en el día en el que la conocí. Se acercó poco a poco a nuestra hija que aún lloraba y le susurró algo al oido. Cosas de mujeres.
Decidí darle tiempo y visité a mi nieto que aún batallaba con el mounstro. Me atreví a hacerme presente en su sueño espada en mano y juntos acabamos con la malvada bestia. Hice lo mismo con su hermanita. Estábamos juntos en un prado inmenso jugando con el perrito blanco. Sus carcajadas me llenaron de alegría.

Sentí su presencia, me observaba con expresión dulce. Nos tomamos de la mano y cruzamos el brillante portal, jóvenes de nuevo y con la eternidad por delante.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Yo, robot?

Una noche de insomnio en la cual me encontraba en busca de mi alma gemela por medio de un risible portal de citas, hice un test de personalidad de dudosa exactitud y veracidad. En dicho test se me diagnosticó como un robot. Un ser vacío, frío y analítico sin capacidad de sentir. Chale, que loco! Creo que no soy un robot. En el burlesque muy a menudo reacciono de forma muy similar a la de los seres humanos, inclusive la sangre de mi cuerpo se concentra en el lugar preciso, lo cual me indica que por lo menos para la cochinada estoy mas que dispuesto, el pedo es que soy medio wey con el sexo bello y la neta físicamente no soy muy agraciado que digamos, y pos por eso, ya tiene un chingo que nomas no he tenido chance de soltar el veneno de la forma mas placentera posible.

Un robot tampoco siente empatía. Una noche de copas estuve a punto de ponermele al pedo a un wey rival de amores de un muy buen amigo. Afortunadamente nada paso y todo terminó al concentrarme de nuevo en los tacos de suadero que por poco tiro por andar de mamila. Me conformé con pintarle pito a la morra culpable del conflicto.

Un robot no cela ni odia. Mejor de eso no escribo nada porque tampoco se trata de que me ponga a platicarles mi patética vida amorosa que además de que está de hueva no quiero ponerme en evidencia. Al cabo son puras chaquetas mentales y pos me aguanto como los machos.

Un robot no ama. Yo si.

Creo que con algunas de las bajezas antes escritas he pasado con creces la prueba de Turing por lo que concluyo que ese test sirve para lo mismo que esta basura de prosa.

Invocando a la Musa (jajaja que estúpido)

Una comunidad circense, los últimos sobrevivientes del continente perdido de Lemuria vagando por un mundo poblado por dragones, bárbaros, minotauros, cíclopes, dioses, paladines y civilizaciones que nacen y decaen. Una antiquísima conciencia artificial atormentada por un error de juicio que en los albores de su existencia terminó con toda la vida orgánica que le rodeaba. Una niña afligida por una extraña dolencia que le llevó a nacer sin la capacidad de percibir el mundo por medio de los sentidos, debido a lo cual, su mente se vió obligada a desarrollar esos "otros sentidos" desconocidos aún por la ciencia. Todas estas son historias que no me he atrevido o no he tenido la capacidad de contar íntegramente.

La imaginación es por mucho, el más maravilloso don que la evolución nos ha brindado. Tiene la capacidad de hacernos vislumbrar realidades, mundos, personajes, e infinidad de situaciones que de otra forma jamás hubiésemos conocido. Es también nuestra mas terrible carga. Gracias a la imaginación la desilusión nos acecha en cada esquina, gracias al acto de imaginar dioses y utopías, dogmas religiosos e ideologías absurdas se han hecho una realidad de dolor y muerte en millones de personas.

Debo confesar que por el momento tengo secos los sesos. Mi habilidad para expresar ideas de forma adecuada ha disminuido drásticamente y mi creatividad se limita a proponer a mis amigos el ir de putas cuando la intensidad de la pachanga es pobre.

Desafortunadamente la musa no se ha presentado. Por el momento vivo en un estado de espera constante. Pido una disculpa sincera a esa parte de mi que añora escribir.

Ni las ideas ni la motivación acechan. Sé que es un ciclo vicioso que debo de superar. He de aprender de nueva cuenta a dejar a mi imaginación volar y dejar de lado la autocrítica y el miedo a no ser lo suficientemente hábil para esta noble empresa.

Arremeteré de nuevo contra esos molinos de viento aunque sepa que muy probablemente termine de bruces tragando polvo. Alguien, en algún lugar podrá mofarse de ello o en el mejor de los casos, seguirme en esta aparentemente inútil batalla y contraatacar a esos feroces gigantes de brazos amenazadores.