martes, 6 de noviembre de 2007

Un minicuentito

La casa estaba en silencio, una a una observé y disfruté las fotos que colgaban de las paredes de la sala de estar. Aún se percibía un tenue olor a comida, tabaco y café. Podía escuchar el tráfico nocturno y el vaiven del péndulo de un viejo reloj que probablemente era una reliquia familiar. Me odié por lo que me disponía a hacer.

Imaginé por un momento los sueños estelares de esa noche. La niñita dormía con una viejecita. Por la forma en que se abrazaban al dormir podía saberse que se adoraban. La dulce mujer que acompañaba a la pequeñita tal vez soñaba con su niñez en el campo. Persiguiendo conejos. Añorando aquellos días en que su mamá le cantaba en ese bello dialecto que poco a poco los años le habían hecho olvidar.

La niñita tal vez se encontraba jugando con el perrito blanco que el berrinche del día anterior no logró convencer a sus padres de llevárselo a casa. Le hablaba y le prometía que estarían juntos.

Su hermano en otra habitación, cabalgaba valeroso, con su espada dispuesta a castigar a ese terrible ser que tanto se parecía a la bruja que todos los días limitaba su libertad obligándolo a repetir planas y planas de las letras que ya conocía.

Sollozos. La mujer lloraba en los brazos de su esposo. El hombre con ternura limpiaba sus lágrimas mientras la besaba en la frente.

Me apresuré. Debía actuar rápido. Era mi deber terminar de una vez con este amargo episodio.

En cuanto entré en la habitación se me partió el corazón. El daño era mas terrible de lo que yo esperaba.
La mujer que era velada por la pareja apenas respiraba. El cabello que lucía en las viejas fotos de la sala no existía más, en su lugar solo podían percibirse apenas mechones blancos esparcidos en la seca piel de su cráneo. Mutilada y envuelta en un pesado manto de agonía respiró por última vez.

La tomé entre mis brazos.

Me reconoció al instante y me besó. Me pidió que la dejara incorporarse. Ahora se veía tan bella como en el día en el que la conocí. Se acercó poco a poco a nuestra hija que aún lloraba y le susurró algo al oido. Cosas de mujeres.
Decidí darle tiempo y visité a mi nieto que aún batallaba con el mounstro. Me atreví a hacerme presente en su sueño espada en mano y juntos acabamos con la malvada bestia. Hice lo mismo con su hermanita. Estábamos juntos en un prado inmenso jugando con el perrito blanco. Sus carcajadas me llenaron de alegría.

Sentí su presencia, me observaba con expresión dulce. Nos tomamos de la mano y cruzamos el brillante portal, jóvenes de nuevo y con la eternidad por delante.

2 comentarios:

  1. Tetrico, interesante y valido, es un placer leer literatura como esta knpion, la neta me da mucho gusto que estes de regreso... sigue escribiendo... ya trabajo en una editorial nomas dejame codearme con los grandes y luego luego meto tu caso para ke saken el libro "Andanzas y Desencantos de un Nerd Mamarracho"

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  2. que ondas paco un buen relato bastante interesante chido que andes usando la terapia del blog otravez XD sale nos vemos

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